historia de la ganadería en Villanueva de Viver

Historia de la ganadería en Villanueva de Viver

En esta ocasión hablaremos de la ganadería, tanto del pastoreo como de los animales de corral.

Empezaremos por los segundos.

LOS ANIMALES DE CORRAL EN VILLANUEVA DE VIVER

Como era costumbre en el mundo agrario, las casas tenían corrales donde se criaban conejos, cerdos, pavos o gallinas. Este tipo de animales eran compatibles con las largas horas de trabajo en el campo, puesto que no necesitaban ser pastoreados.

Prácticamente todas las familias criaban animales, en mayor o menor número. Los animales más pequeños como conejos o aves (aunque algunos pavos llegaban a pesar 20 kg) se mataban con mayor frecuencia. Además, las gallinas ofrecían un alimento tan completo como son los huevos, los cuales, además servían para hacer trueques por otros alimentos que no se producían, como las sardinas de bota.

Los cerdos, en cambio, por ser animales más grandes se mataban, como dice el refrán, por San Martín, es decir, al inicio de los días de frío. Esto se hacía por dos razones: por una parte porque con el frío se requiere una mayor ingesta de calorías y, por otra parte, porque la carne así se conservaba durante más tiempo. Recordemos que no había neveras.

De hecho, la conservación de los alimentos era primordial para la supervivencia y no era suficiente con guardar la carne en un lugar fresco, sino que se usaban varias técnicas como el salado y secado (jamones, cecina o panceta), la conservación en jarras con aceite tras secar y freír (fritura o frito) o la elaboración de embutidos (longanizas, morcillas, morca blanca o güeñas).

Tal como dice el refrán: «tres días hay en el año que no los predica el cura: matapuercos, sacacubos y el día de la fritura», haciendo referencia a la matanza, al día que se saca el vino y al día que se empieza a comer la fritura.

Ya vemos que el cerdo está presente en dos de las tres fechas señaladas, aunque, en palabras de María Dolores Zorita, la mayor fiesta era la de la fritura porque la matanza era mucho trabajo y la fritura sólo era comer.

Como estadística, en el censo de 1941 figuran 63 cerdos, 147 aves (20 gallos y 127 gallinas) y 321 conejos (40 machos, 131 hembras, 150 crías anuales estimadas).

En el censo de 1943 constan 86 cerdos, con una media de 9,6 kg y repartidos entre 71 propietarios (1,1 cerdo por propietario).

De este dato se deduce que cada familia tenía un cerdo en su corral pero pocos tenían más de uno.

En 1949 el número de cerdos es de 70, en 1951 son 81 y en el censo agrario de 1962 la cifra sube hasta un total de 115. Por su parte, el número de conejos en 1962 es de 125 y el de aves de 425, casi el triple que en la primera posguerra.

EL PASTOREO EN VILLANUEVA DE VIVER

Por lo que respecta al pastoreo, el animal por excelencia ha sido la oveja, aunque también ha habido ganado caprino y algo de bovino. La oveja se criaba sobre todo por la carne de cordero, pues en la localidad no ha habido una tradición lechera ni quesera.

Según Juan Manuel Peiró, cuyo padre regentó una carnicería, en invierno mataban cerdos y en verano corderos. También se aprovechaba la lana para hacer tejidos.

Los rebaños pequeños eran de 30-50 unidades y tenían acceso a todo el término municipal excepto el Rebollar y la Redonda. Aprovechaban pastizales, matorrales y terrenos en barbecho.

También había dulas, que son rebaños con animales de diferentes propietarios, pastoreados por el dulero. De hecho, las estadísticas, como luego veremos, apuntan a que era la práctica mayoritaria.

Respecto a la trashumancia, aunque la Villanueva no ha sido una zona con tradición trashumante, sí que era zona de paso de ganados, que procedían de la colada de Mora (que venía por el camino de Pradas).

En la actualidad, dentro del catálogo de patrimonio figuran dos pasos de ganado: uno es el Paso de la Loma de la Graja, por el que se sigue en parte en la ruta de las minas de Manganeso, y el otro recibe el nombre de paso de la Peña Negra, que cruza todo el término desde el camino de Pradas hasta la Resinera.

También en el catálogo de patrimonio figuran cuatro corrales: el del Trómpez, el del Cerro (o del tío Quirino), el del Paso y las corraletas del paso de la Graja. No obstante, Josep Xavier Llop i Goterris (Llop 2004, 148) cita otros 10: de la Umbría, Nuevo, de los Borinas, del tío Ángel, de San Martín, de Canillonda, de la loma de la Gila, de la Tejería, del Castillarejo y de la Umbría.

El corral de la Tejería se arrendaba mediante subasta, como el horno. En 1950 se arrendó por 30 pesetas.

Por último veremos y analizaremos algunas estadísticas.

En 1941 el número de cabezas de ganado ovino era de 421 (7 sementales, 200 ovejas, 80 corderas de 1-2 años y 125 crías viables), el número de cabezas de ganado caprino era de 162 (3 sementales, 66 cabras, 30 cabritillas de 1-2 años, 63 crías viables anuales).

Como podemos observar no consta ganado vacuno y vemos también como eran hembras las que formaban los rebaños, junto con algún semental por razones reproductivas y la inestimable ayuda de los perros pastores.

En 1943 el número de cabezas de ganado ovino era de 399 (310 ovejas, 7 sementales, 2 corderos y 80 corderas). Estas ovejas estaban repartidas entre 68 propietarios, lo que da una media de 5,9 ovejas por propietario. Esto no significa que hubiese 68 rebaños de 6 ovejas, sino que se pastoreaba a la dula y casi todas las familias tenían alguna oveja en propiedad, que era pastoreada por terceros. Los mayores propietarios de ovejas eran Emilio Villalba Pastor y Dionisio Collao Soriano, con 20 ovejas cada uno. Por lo que respecta a las cabras, había 80 cabras y 4 chivos repartidos entre 74 propietarios (1,1 cabra por propietario de media).

Casi todas las familias tenían una cabra en propiedad.

En 1949 como novedad constan dos cabezas de ganado vacuno, además de 217 cabezas de ganado lanar y 58 de cabrío.

En 1951 tenemos 211 ovejas (6 sementales) y 22 cabras y, por último, en el censo agrario de 1962 constan 3 cabezas de ganado vacuno, 265 de lanar y sólo 2 de cabrío.

En la actualidad solo quedan vestigios de aquel pasado no tan lejano, recuerdos de una vida que, si bien no era más fácil, es de donde venimos y no debemos olvidar nuestros orígenes.

Autor: Alfredo Fornas

Fuentes: Entrevistas orales a Luis Soriano Villalba y José Manuel Peiró Moya.

Documentación del Archivo Histórico Municipal de Villanueva de Viver.

Llop i Goterris, Josep Xavier. «Una visión socioeconómica de Villanueva de Viver a lo largo del siglo XIX y XX». En Boletín del Instituto de Cultura Alto Palancia, ICAP, 16, 2004.

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